Capítulo 3
La granja está cinco millas al norte. Al principio la carretera atraviesa una zona de árboles, pero enseguida desaparecen y a ambos lados de la carretera se extienden los campos de maíz. Una de las ventajas de vivir en Oklahoma es que puedes tener carné de conducir a los dieciséis, así que llevo más de un año ya viniendo por mi cuenta al instituto con la vieja camioneta. Pongo la radio, suena Blown Away, no, no es que no me guste Carrie Underwood, por supuesto, la adoro, y representa un sueño que yo aun no he conseguido cumplir, salir de este pueblo y vivir mi propia vida, como ha hecho ella. Pero si eres de Checotah sabes que su música va a sonar a todas horas en la radio local, así que saco de la guantera sin perder de vista la carretera el viejo discman que compré en un mercadillo y conecto la salida de audio a un entrada que yo misma he instalado a la radio de la camioneta. Green Day inunda el aire y grito "Oh Love" mientras avanzo rumbo a casa. Se me da bien los aparatos electrónicos, mi abuelo dice que —Esos cacharros te quieren Emily— y la verdad es que tengo maña para repararlos o modificarlos. Reduzco la velocidad y giro a la derecha, atravieso la entrada a la granja y recorro el camino que lleva a la casa. Me gusta sonido de la gravilla crujiendo bajo las ruedas. Son poco más de doscientos metros, llego a la casa, giro a la izquierda y aparco frente al granero. Escucho el ruido de una de esas pistolas de clavos de aire comprimido. Mi abuelo asoma la cabeza por la ventana de la entreplanta del granero.
—Hola Emily.
—Hola Emily.
—Hola abuelo, ¿qué haces ahí arriba?.
—Estoy reparando los tablones del suelo.
—Ten mucho cuidado, eso está muy peligroso, luego te ayudo.—
—Hola Emily.
—No te preocupes, puedo solo, ahora bajo, necesito más cartuchos para la pistola.
—Hola abuela—
—Estoy reparando los tablones del suelo.
—Ten mucho cuidado, eso está muy peligroso, luego te ayudo.—
—Hola Emily.
—No te preocupes, puedo solo, ahora bajo, necesito más cartuchos para la pistola.
—Hola abuela—
—Vale, voy a ver a la abuela, digo.
Cojo la bolsa de los libros, la tartera del almuerzo y cruzo a la casa. Es una construcción de madera de dos plantas, pintada de azul celeste con los marcos de las ventanas en blanco. Un porche con dos escalones recorre toda la parte delantera. Subo los escalones, abro la puerta de la mosquitera y saludo alzando la voz .
—¡Ya estoy en casa!
—Aquí, en la cocina.
La cocina está a la derecha, dejo mis cosas en una silla y entro. Huele a salsa de tomate, a cebolla pochada y a orégano.
—Mmm, que bien huele.
Cojo la bolsa de los libros, la tartera del almuerzo y cruzo a la casa. Es una construcción de madera de dos plantas, pintada de azul celeste con los marcos de las ventanas en blanco. Un porche con dos escalones recorre toda la parte delantera. Subo los escalones, abro la puerta de la mosquitera y saludo alzando la voz .
—¡Ya estoy en casa!
—Aquí, en la cocina.
La cocina está a la derecha, dejo mis cosas en una silla y entro. Huele a salsa de tomate, a cebolla pochada y a orégano.
—Mmm, que bien huele.
Mi abuela se vuelve con su delantal de cuadros rojos y blancos y se acerca a darme un beso.
—Qué tal el instituto, ¿estaba buena la empanada?— me dice, mientras me coge de las manos la tartera y la pone sobre la encimera.
—Oh, riquísima, a Tom le ha encantado, casi me deja sin almuerzo.
—Lo he sentido abuela, como tú me dijiste, como un destello de luz en mi cabeza.
—Tendrías que traer a tu novio a comer algún día.
—¿Te ha visto, como ha sido?.
—No, es mi...da igual.
—No lo creo, ha sido muy rápido, estaba en clase y de repente lo he notado, un destello, como un coche que te da las largas en plena noche y te deslumbra, y luego ha desparecido, no he vuelto a sentirlo. Me he asustado mucho.
—Toma, siéntate, te he preparado natillas de postre.
—No te preocupes, si como dices ha desaparecido, no pasa nada, ha podido ser por cualquier otra cosa.
—¿Que otra cosa?, no puede ser otra cosa abuela, solo uno de ellos buscándome, no hay otra explicación.
—Si viniese a por ti, no hubiese desparecido, y además, ya te lo he dicho muchas veces, El no sabe que estás aquí. Aquí estás a salvo, aquí...
—¿Ya estáis otra vez?
Entra mi abuelo, y la escena que observa, no por haberla visto otras veces, deja de sorprenderle, mi abuela está de espaldas, cocinando, y yo, sentada comiendo natillas, las dos en silencio.
—No estamos haciendo nada, querido.
—Si que estáis, usando la telepatía, la comunicación mental, o como quiera que le llaméis.
Continua en Capítulo 4
¿Pa' cuando el capítulo 4?
ResponderEliminarShatter every windoooow 'til it's all blooooooooooooooooooown aawaaaaaaaaaaaaay (8)
ResponderEliminarEvery brick, every board, every slamming door bloooooooooooooooooown awaaaaaaaay (8)
ResponderEliminar'Til there's nothing left standing, nothing left of yesterdaay
ResponderEliminarEvery tear-soaked whiskey memory blooown awaaaaay,
Bloooooooown awaaaaaaaaay (8)
*gallo del final porque no sé cantar*
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