Capítulo 4
A las cuatro y media en punto el rastreador llega al Holiday Inn de Tulsa, es un edificio de cinco plantas de color ladrillo. Deja el coche en un extremo del parking. Entrar por la puerta principal es demasiado expuesto. Coge la mochila, saca la Glock de 9 milímetros y el taser de la guantera y los guarda en los bolsillos del tres cuartos de piel negra. Rodea el edificio, hay una puerta de servicio, tira de ella, ¡está abierta!
De ahí a la escalera y a la primera planta apenas tarda dos minutos, ya está frente a la puerta de la habitación 134. Pega el oído a la puerta, nada, cierra los ojos y escucha , nada, si, respiración, ruido de agua, está aquí. Saca una tarjeta magnética, pulsa un pequeño interruptor que tiene en la parte superior, una luz azul parpadea, la introduce en la ranura de la cerradura, saca el móvil y abre una aplicación. Las luz roja de la cerradura parpadea a toda velocidad, diez, quince, veinte segundos, verde.
Gira con precaución el picaporte, empuja la puerta y entra sin hacer ruido, a la derecha está el baño. Cierra la puerta de la habitación, duda. Entrar al baño es arriesgado, demasiado vapor de la ducha, imposible darle una descarga empapado, puede ser mortal. Decide esperar en el dormitorio. Escucha cerrarse el agua, ahora se está afeitando, se tensa, prepara el taser, lo ha hecho otras veces, pero siempre es diferente, siempre puede surgir algún problema.
Escucha como se abre la puerta del baño, se pega a la pared del dormitorio, el baño está en el pasillo y la habitación queda al fondo, no puede verlo. Lo oye avanzar, escucha su respiración, se lanza sobre el.
No lo ve venir, lleva una toalla liada en la cintura y otra en la cabeza con la que se seca el pelo y que le impide ver hacia los lados. Para cuando ve venir al tipo de color vestido con un chaquetón de cuero ya es tarde, siente una descarga, dolor, dolor, más dolor, cae al suelo, se desmaya.
Cuando vuelve en si está sentado en una silla, los pies y las manos atados con flejes de plásticos, de esos que usan los electricistas. le duelen todos los músculos del cuerpo, tiene tapada la boca con un trozo de cinta adhesiva. El hombre del chaquetón de piel le está ajustando algo a la cabeza, una especie de casco, se lo fija con una cinta por la debajo de la barbilla. Ahora está hablando por teléfono, no entiende lo que dice, está aun aturdido por la descarga. El hombre de color se acerca, le coloca un antifaz, nota que manipula algo en el casco.
Da un paso atrás, El Líder tiene que hacer ahora su trabajo. El nunca le cuenta estos detalles, pero imagina que debe ser algo relacionado con la rueda de prensa que el tipo de la toalla, al que ha dado la descarga, atado a la silla y al que ha colocado el transmisor tiene en cuarenta minutos.
El transmisor tiene dos luces en la parte de la frente, cambian de verde a rojo, Eso significa que la comunicación ha comenzado, tiene prohibido apagar o quitar el transmisor mientras la luz siga roja.
Da una vuelta por la habitación, sobre la cama hay un traje gris aun envuelto en el plástico de la tintorería, a su lado una camisa y una corbata burdeos. la coge entre los dedos, seda, muy suave. El tipo de la toalla está balbuceando algo, solo entiende palabras inconexas, "secretos", "opinión pública", "amenazas". En el escritorio hay un portafolios abierto, deben ser los papeles para la rueda de prensa. Ve el membrete de la fundación, los guarda y cierra la cremallera, será mejor que se los lleve. De repente oye un grito silenciado por la cinta americana, se vuelve, el tipo de la toalla está agitando la cabeza frenéticamente, un momento después está soltando espuma por la boca, las luzces siguen rojas, ¿qué está pasando?, convulsiones, se agita como si estuvieran aplicándole descargas, más gritos, de las convulsiones la silla empieza a tambalearse, las luces siguen rojas, la silla cae de lado, el tipo se retuerce de dolor tumbado y atado aun a la silla, un grito desgarrador, de repente cesa todo, el cuerpo se relaja, el tipo no se mueve, las luces son verdes ahora. Se acerca, el tipo sigue sin moverse, le toma el pulso, nada.
Está muerto.
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