lunes, 23 de noviembre de 2015

The Whisper: Capítulo 8

El timbre de llamada del móvil saca a Emily de sus pensamientos. Está tumbada sobre la cama de su habitación en el piso de arriba. Mira la pantalla, es Tom.

— Habías quedado en llamarme.
— ¡Hola tio bueno!
— ¡Hola pelirroja!
— Bueno, en realidad no estás tan bueno.
— Bueno en realidad no eres tan pelirroja.
— En realidad si— contesta Emily.
— ¿En realidad si estoy tan bueno?
— No memo, que en realidad si soy “tan” pelirroja, así que ándate con ojo, ya sabes que las pelirrojas de ojos verdes teníamos fama de brujas en la edad media.
— Bueno, me arriesgaré a que me transformes en algo.
— En un tio bueno, por ejemplo.— Responde Emily entre risas.
— Ja, ja, ja. Bueno, ¿vas a venir al rodeo?.
— Ya sabes que no me gustan.
— Pero es tarde de viernes, estamos de vacaciones, no vas a quedarte ahí, ¿verdad?.
— Vaaaale, me acerco un rato, nos vemos allí a las siete y media.
— ¡Perfecto, hasta luego, te quie..— Emily cuelga entes de que Tom termine la frase.

No es que no lo quiera, pero le cuesta todavía decirlo. Llevan tres meses saliendo, desde Navidad. Tom se lo pidió la noche de fin de año, en una fiesta en casa de Rick, un chico del instituto. Tal vez fue el ponche, tal vez que le pilló con la guardia baja por el ambiente de la fiesta y la entrada del año, o porque en realidad era algo que en realidad si estaba deseando que sucediese, pero le dijo que si, y se besaron. Al día siguiente pensó en cortar. Pero por primera vez Emily, la decidida, la irónica, la independiente, tuvo la sensación de que hacer lo que le dictaba la razón no era lo que en realidad quería. Así que siguieron saliendo. En realidad Tom no era para nada lo que a primera vista podía parecer. Era tierno, y cariñoso, y se quedaba extasiado escuchándola hablar, o reparar la camioneta, o simplemente mirándola. En privado, porque en público y sobre todo cuando estaban cerca sus compañeros del equipo de fútbol parecía otro. Entonces era el chico algo fanfarrón, que va de duro, que se sabe guapo, y que lidera el grupo. Esa parte no le gustaba tanto, claro, que también la abrazaba delante de todas esas chicas que nunca la habían querido dejar entrar en su círculo, y en esos momentos Emily sentía que era especial.  

—¡Porras las siete y diez, grita desde su cuarto! 

Emily baja las escaleras de dos en dos escalones y entra en la cocina con el pelo aun mojado de la ducha.

—¡Abuelita, me marcho, he quedado con Tom!
— Tu abuelo ha dicho que era mejor que te quedases en la granja después de lo hoy.
— Lo sé. Pero Tom ha insistido mucho y si no voy va a empezar a extrañarse de que no salga estando en el inicio de las vacaciones. Además no he vuelto a sentir nada, lo que quiera que fuese no ha vuelto.

Da un beso a su abuela y sale antes de que pueda decirle algo más.
Fuera se oye a su abuelo en el granero trabajando en la tarima, clavando con la pistola de aire comprimido. Mejor no le dice nada. va hasta la camioneta, arranca y sale a toda velocidad por el camino que lleva a la salida de la granja.

A las siete y veinte  está entrando en la ciudad. Bueno, Checotah es más bien un pueblo de poco más de 3000 habitantes en el cruce de la 69 y con la ínterestatal 40 que lleva al oeste a Oklahoma City y al este a Nashville. El Rodeo Arena queda al final de la avenida Gentry. A las 7:35 Emily aparca en la explanada atestada de coches. Hoy hay final de las series semi profesionales, algo al parecer muy importante para todos, excepto para ella. El móvil vibra, es un mensaje de Tom diciendo en que asientos están.

Emily los localiza, tras abrirse paso por la grada entre un mar de tipos con sombreros de cowboy y botas que gritan a un chico que trata de mantenerse sobre un toro del tamaño de un camión de bomberos y que no para de saltar y bramar.

—Uno, dos, tres, cuatro, Ohhhhhhhhhh— vocifera el público.
—Bien, ya estás aquí— le dice Tom desde su asiento, echándose a un lado para dejarle sitio.
— No se mucho de esto, pero apostaría a que cuatro segundos no es el récord mundial de doma, o como quiera que llaméis a eso— dice Emily con ironía.
— Bueno, el chico es un rookie, bastante que no se ha partido el cuello— le dice Rick riendo.
— ¡Hola Rick, hola Megan!
Megan es la novia de Rick, pelo castaño, cara afilada, muy guapa y con una buena delantera. Es una de las chicas que siempre la ignoraron en el instituto, y aunque nunca le ha preguntado a Tom, probablemente se enrolló con él antes de ser novia de Rick. Ahora como es ella la que sale con Tom de repente quiere que sean amigas, ¡Ja! Emily se sienta junto a Tom que le pasa el brazo sobre el hombro.
— Al final has venido, me alegro, y le da un beso.
— ¡Eh! Iros a un hotel— bromea Rick— vais a desconcentrar a los chicos del rodeo.
Tom le da un empujón en el hombro y se ríe. Rick es su mejor amigo, también es jugador del equipo de fútbol del instituto. 
Tras media hora de vaqueros intentando aguantar sobre un toro, cosa que algunos han conseguido, ahora el espectáculo va de atrapar a un ternero con lazo, a caballo. A Emily le parecía que al menos en el otro modo el toro es el que lo pasaba mejor, aquí apenas tiene posibilidades.
Se abstrae del espectáculo, y se deja caer sobre el hombro de Tom, que se lo pasa en grande. Podía haber cambiado su sitio con Rick y sentarse junto a Megan, pero no le apetece, prefiere estar con él. Con Tom se siente diferente. Es algo que nunca pensó que pasaría, bueno si, algún día suponía que tendría pareja, pero no en este instituto, ni en Checotah. No es que no hubiese salido con chicos. Si, un par de ellos, uno con quince años, que duró exactamente una noche y una mañana, que es lo que transcurrió desde el baile del colegio un sábado que Johnny Douglas la sacó a bailar y la beso, y ella sintiese que estaba enamorada como ninguna otra persona en toda la historia había estado enamorada, y la mañana del domingo cuando fue a ver a Johnny al partido de beisbol y el la ignoró, como si se avergonzase de tener novia delante de los demás chicos. Fue su primer beso, su primer amor, y su primer desengaño. Al idiota de Johnny Douglas no volvió a dirigirla la palabra y decidió que no tendría novio hasta los veinticinco, por lo menos. Luego ese verano, conoció a Peter. Era un año mayor que ella y ya iba al instituto. Era de Florida pero estaba en Checotah con unos tíos, porque sus padres se iban de viaje a Europa dos semanas. Salieron esas dos semanas. Pero no podía decir que estuvo muy enamorada de él. Aunque Peter si lo estaba de ella. De todas formas lo pasaron muy bien, fueron al cine varios días, pasearon y charlaron, pescaron en el lago, tomaron batidos, montaron en barca. Los quince días volaron, y para sorpresa de los padres de Peter cuando regresaron, que lo habían dejado contra su voluntad en — según Peter — “El fin del mundo”—este estaba encantado y quería quedarse. Pero no podía ser, tuvo que volver a su casa y allí acabó su historia con Emily. Y ahora estaba allí con Tom, que había aparecido en su vida el último curso de instituto, cuando no lo esperaba. Ni a él, ni a nadie. 
Al principio pensó que sería como con el idiota de Johnny Douglas, que Tom se avergonzaría delante de sus compañeros de equipo de que lo viesen con ella, que no era ni la más guapa, ni la más alta, y que no llevaba top crops, ni tacones, ni se maquillaba para ir a clase, y que cortarían al día siguiente. Pero no, al contrario, Tom se comportó desde el principio con la mayor naturalidad, como si hubiesen estado juntos desde siempre. Ser el Quarterback del equipo del instituto es casi un titulo nobiliario, y nadie, aunque pensase que no pegaban juntos, iba a a atreverse a decir nada. Así que Emily pensó que aquello sería tal vez como con Peter, una compañía agradable pero breve. Pero no, no había sido breve, ya llevaban tres mese y tenía visos de durar... bueno, de durar más. ¿Hasta cuando? Emily pensaba que como mucho hasta el final del verano. Entonces Tom se marcharía a la Universidad. Con su palmarés deportivo conseguir una beca era algo cantado. Y ella se quedaría estudiando en Checotah, en la Escuela de Grado Medio, algo que tuviese que ver con electrónica o informática, y ahí se acabaría todo. Tal vez por eso a Emily le costaba utilizar palabras como novio, y decirle “Te quiero” sin cierta resistencia. No es que no lo quisiese, mucho, estaba enamorada, pero si esto tenía fecha de caducidad iba a intentar minimizar el daño.

— Wow, ha estado genial— dijo Tom sacándola de sus pensamientos.
— Si, genial, estos tíos son de lo mejor— asintió Rick—¿vamos a tomar algo?
— Yo tengo que volver a la granja.
— Oh vamos Emily, algo rápido, me muero de hambre.
Emily miró el reloj, eran casi las nueve. No quería que sus abuelos se preocupasen después de lo que había pasado hoy.
— De verdad, no puedo, prometí volver pronto.
— Venga Emily, que estamos de vacaciones, insistió Tom.
— Vale, algo rápido. 
—¿En Denny´s?
— Por mi perfecto Rick— dice Tom, mirando a Emily, que asiente.
— Yo voy en mi camioneta, por si se hace tarde y tengo que volver la granja.
— Voy contigo y luego Rick y Meg me acercan a casa en su coche.

Danny´s está en el cruce de la Avenida Gentry con la 69 que va a Tulsa. Es un restaurante de hamburguesas y sandwiches de muchas clases, aunque los favoritos de Emily son los smoothies de cuatro frutas y las tostadas francesas que sirven para desayunar. Mientras ella conduce Tom pone la radio, suena “Wasted”.

— ¡Carrie otra vez!
— No puedo creer que no te guste.
— Claro que me gusta, me encanta, y “Wasted” es de mis favoritas, pero es que Carrie suena a todas horas en este pueblo y la verdad, si no me dosifico acabaré cogiéndole manía.
— Ya, pero no me tortures con Green Day.
— Busca otra emisora.
El dial de la radio se llena de ruido mientras Tom trata de sintonizar otra cosa. 
— Ya podías instalar una radio más moderna.
— Esta me gusta, y además es la original de la Chevy del 80.
Por fin Tom consigue sintonizar otra emisora. “Wake me up when september ends” suena en los altavoces.
— ¡Oh no!
— Jajajajaja, es el karma Tom, por hablar mal de ellos, ahora te aguantas y escuchamos Green Day.

— Menos mal que ya llegamos— suspira él.

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