Capítulo 6
No entiende que ha pasado, pero algo ha debido ir mal porque el tipo está muerto. Es la primera vez que le sucede algo así. Antes de que pueda reaccionar suena el teléfono, es el líder.
— Azrael, sal de ahí ya, y no dejes rastro de tu presencia.
— Si señor ¿Qué ha sucedido, he hecho algo mal?
—Ahora no hay tiempo, recoge cualquier cosa que comprometa a la Fundación y sal de ahí.
Ha colgado, la voz del líder ha sonado tensa, preocupada, hasta asustada diría. No hay tiempo, saca unos guantes de latex de su mochila, y se los coloca, ¿Por qué porras no se los habrá puesto desde el principio? Estaba en el protocolo, pero no los usaba, nunca le habían hecho falta. Desata y quita la mordaza al pobre tipo, pone la silla en su sitio y lo tumba sobre el suelo. Recoge la documentación que hay en el escritorio y también el portátil. Lo guarda todo en la mochila y sale del edificio sin hacer ruido, llega hasta el coche y arranca.
Está confuso, que alguien muriese en uno de sus trabajos no es algo que el líder le hubiese dicho nunca durante la instrucción que podía suceder.
La cabeza vuelve a dolerle. Intenta pensar en el siguiente paso , está seguro de que no ha dejado rastro de su presencia en el hotel, salvo un cadáver, claro. Un cadáver que el no conoce de nada ni con quien puedan relacionarle.
Su última misión antes de regresar a Boston se suponía que era Jacksonville. Mientras el líder no diga otra cosa, mejor centrarse en acabar el trabajo.
Manipula el navegador del coche y calcula la ruta. Mil cien millas, eso le va a llevar día y medio de viaje. Mejor así, mientras conduce es como si no existirse el tiempo, ni los problemas, ni lo que ha vivido este último año y que le ha traído hasta aquí.
Hace un año el no era Azrael, ni trabajaba para el líder, ni para nadie en realidad. No era más que un marginado que se ganaba la vida entrando en casas ajenas y vendiendo los objetos que robaba. El no era un mal tipo, no había elegido como otros ex compañeros de la calle la venta de droga o la violencia. Pero el hambre te araña las tripas y agudiza el ingenio. Y el tenía un don especial, era capaz de percibir desde fuera si en una casa había alguien. Eso, y su habilidad para las cerraduras y las alarmas le había permitido entrar y salir siempre sin encontrarse con nadie ni tener problemas. Robaba siempre cosas que fuesen fáciles de vender, teléfonos móviles, relojes, algunas joyas y si había suerte a veces encontraba dinero en efectivo. Entrar sin ser visto, estar cinco minutos y salir.
Hasta aquella noche. Llovía a mares y llevaba ya dos meses fuera del negocio, sin nada que vender. La mala suerte había querido que entrase tiempo atrás en una casa que estaba vigilada por la policía. ¿Cómo iba a saberlo? ¿Como iba a imaginar que era la casa de un camello al que la poli estaba tendiendo una encerrona? Al salir lo estaban esperando. Una detención, un mes de prisión provisional y puesto en libertad por no tener antecedentes, libertad condicionada a que no volviesen a pillarle, o le caerían cinco años. Pero sin recursos y con hambre, aquella noche pensó que aquel caserón de ladrillo tenía que ser un buen sitio donde conseguir algo de valor que le permitiese seguir tirando. Entrar no fue muy difícil, escalar una verja, buscar una ventana, la puerta principal parecía demasiado imponente para intentar entrar por ella, y ya estaba dentro. Pero eso no iba a ser un robo más, se iba a convertir en el hecho que cambiaría su vida.
Ensimismado en esos pensamientos da un vistazo a la pantalla, lleva setenta millas conduciendo y está pasando junto a un pequeño pueblo, de repente vuelve a su mente el recuerdo de hace unas horas. ¡Aquí es donde sintió una presencia tan intensa que casi pierde el control del coche! ¡Casi lo había olvidado! Tal vez sería bueno parar aquí y ver si el rastro sigue en la zona. Mira el reloj, las siete de la tarde, dentro de poco anochecerá, no ha comido nada en todo el día, lleva todo conduciendo cientos de millas y está muy cansado, decide parar. Deja la interestatal, en la salida que indica “Checotah”. A pocos metros a la derecha hay un pequeño hotel, es una buena opción para salir mañana temprano. Se registra, y sube a la habitación. Le apetece darse una duchas, pero está cansado, muy cansado, se tumba en la cama, un instante después está profundamente dormido.
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