The Whisper (El Susurro)
Capítulo 1
Sé que está aquí.
Lo he sentido mientras salía del instituto. Ha sido como la luz de un flash en mi cerebro. Ha durado unos segundos, pero han sido muy intensos. Un escalofrío me recorre todavía la espalda. Una sensación que esperaba no sentir nunca Vale, nunca es demasiado tiempo, si, pero al menos no esperaba que llegase tan pronto. Checotah me pareció siempre un lugar suficientemente pequeño y alejado como para sentirme segura, y ni tan siquiera he cumplido los dieciocho, no, no estoy preparada.
Tom, ha notado que algo me sucede.
—¿Te pasa algo Emily?
—No, nada—trato de disimular.
—Pues estás pálida.
—¿Te pasa algo Emily?
—No, nada—trato de disimular.
—Pues estás pálida.
—Son estás clases de estadística, que me matan, ¿A quién importa la probabilidad de que dos personas cumplan años el miso día?—bromeo.
Tom es lo más parecido a mi novio, aunque no me gusta llamarlo "mi novio", me resulta demasiado serio, demasiado "sigamos el plan prefijado, novio a los 17, marido a los 21 y dos niños a los 25", no, no soportaba ese "plan prefijado". En el fondo creo que pienso que el y yo no tenemoss futuro, quizás es por lo que me resisto a llamarlo así, aunque las demás chicas del instituto, que me miran con la incredulidad de "¿Cómo demonios sale Tom, con esa rarita?" o mi abuela, insisten en llamarle mi novio.
Tom es el estereotipo de chico perfecto, guapo, fuerte, rubio, jugador del equipo de fútbol americano del instituto, es decir sería el estereotipo, salvo por el hecho de salir con una chica desgarbada, algo rellenita, poco amiga de los círculos "guays" de la clase, y que se esforzaba tanto en hacer amigos como en memorizar los problemas de estadística de aquella interminable última clase del día, es decir, nada.
Mientras caminamos hacía el parking dónde tengo aparcada la vieja Chevy me esfuerzo por mantener la mente ocupada y de no llamar la atención, por si la presencia que he sentido está cerca.
—¿Vamos a tomar algo juntos?
— Me encantaría Tom—le digo mientras me subo la capucha de la sudadera azul de Forever21, que en realidad parece ya gris de tantos lavados, intentando pasar lo más desapercibida posible—pero tengo que irme a casa, lo siento.
—Vendrás esta tarde al rodeo conmigo por lo menos, ¿verdad?.
—Tom, sabes que no lo soporto.
—Y tu sabes que me encanta, y para variar podías fingir que te interesa y acompañarme.
— No pienso fingir que me interesa ver como acorralan a un novillo entre dos vaqueros y lo derriban, sinceramente, ya estuve dos veces, una contigo y otra con mi abuelo, y es más que suficiente.
—No tienes que ser tan borde.
—Perdona, no me encuentro bien, otro día , te lo prometo—le digo, mientas lo abrazo y le doy un beso.
—Vale, yo tampoco tenía que ponerme así, lo siento, pero otro día, lo has prometido.
Abro la puerta de la camioneta, tiro la bolsa de los libros al asiento del pasajero, salto a mi asiento y bajo la ventanilla. Tom se apoya en ella metiendo medio cuerpo dentro.
—Llámame, ¿Ok?
—Vale, eso también te lo prometo— le digo sonriendo.
Tom me vuelve a besar. Besar a Tom en el instituto me resulta doblemente atractivo, por los besos en si, obviamente, y porque cuando acabas y abres los ojos siempre hay alguna chica de la clase mirándonos con cara de envidia.
Yo nunca había sido popular, ni me había esforzado en serlo, de manera que mis dos primeros años de instituto podían incluirse en los tratados de psicología como claro ejemplo de autoexclusión del grupo. No es que me hiciesen bullying, o quizás si, como suele pasar en estos casos, yo entonces , absorta en mis ideas y convencida de que era una etapa breve y que marcharía de allí pronto, no me daba cuenta de que era para los demás "la rarita". Pero el año pasado apareció Tom. No es que fuese nuevo en el instituto, era nuevo para mi. Por supuesto que me gustaba Tom desde el principio, pero me parecía tan inalcanzable como para que yo evitase mostrar ningún interés. Además Tom tenía novia, o novias, debería decir. Según las crónicas sociales del instituto, Tom había salido con la mitad de la clase, y la otra mitad suspiraba por salir con el. Tal vez esa indiferencia mía, no fingida, es lo que le atrajo de mí, o simplemente que, a diferencia de sus anteriores novias, yo sabía quien era Neruda, y podía mantener una conversación que no incluyese las palabras ropa, maquillaje o peinado. Claro que todo eso no hubiese sido posible sin el acontecimiento kármico que el destino me deparó en forma de trabajo en equipo en la clase de economía.
— ¿En que piensas?.
— En nada importante, es que hoy estoy un poco ida.
— ¿Hoy?
— ¡JA!—digo con fingido enfado.
— Es que me lo has puesto en bandeja, punto para mí.
— Bueno, te llevo tantos de ventaja— le digo sonriendo.
Giro la llave del contacto y el motor de la Chevy tose como un perro añoso antes de ponerse en marcha. Tom se aparta de la ventanilla y dando una palmada en la puerta me grita.
— No vayas muy rápido pelirroja, y llámame.
— Adios tío bueno, cuida que no me roben el novio.
— ¡JA! Lo has reconocido, somos novios.
— ¡Si que tengo un mal día! es la segunda que te pongo en bandeja hoy— le digo sonriendo mientas arranco y pongo rumbo a la granja.
Y nos dejas con la intriga?? que maldad,unas líneas más!!!!
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